Sábado, 4:00 am. Exterior del club nocturno de moda en la ciudad. Dos individuos, uno de ellos con cara y manos ensangrentadas, son interrogados por agentes de Policía. La misma historia cada semana: miró a su novia/o, le empujó, le tiró la copa, le miró mal. Agresividad y alcohol, mala combinación. El personal médico emite su informe, “herida contusa de 1 cm en el párpado superior izquierdo”. Los agentes se llevan detenido al agresor y emplazan a la víctima al juicio que se celebrará próximamente.

Son muchos y diversos los factores psicológicos y sociales que llevan a un sujeto a emplear contra otros la violencia, especialmente física, como respuesta a situaciones estresantes o enfado. Sin embargo, el delito de lesiones, con todas sus variantes, es uno de los que se produce con mayor frecuencia. La pena aparejada se vincula a la gravedad del daño causado, y el primer criterio objetivo (dado lo absurdo de preguntar al lesionado cuánto le duele) lo encontramos en el artículo 147 del Código Penal:

“[…] que la lesión requiera objetivamente para
su sanidad, además de una primera asistencia
facultativa, tratamiento médico o quirúrgico.
La simple vigilancia o seguimiento facultativo
del curso de la lesión no se considerará
tratamiento médico.”

Entonces, ¿qué se considera tratamiento médico o quirúrgico?

Los Tribunales han señalado que se trata del procedimiento empleado por personal sanitario necesario para curar la lesión, incluyendo la actuación agresiva sobre el cuerpo del paciente, la prescripción de fármacos o la rehabilitación, y dejando al margen la simple vigilancia o prevención (higiene, frío local…) así como los medicamentos meramente paliativos.

1200px-Eyelid's_suture
Puntos de sutura

Pero centrémonos ahora en el caso que nos ocupa. En el acto del juicio, la víctima -que resultó ser estudiante de Derecho- relata que fue al Servicio de Urgencias, dónde le aplicaron un punto de sutura que tardó cinco días en sanar, le recetaron antiinflamatorios, aunque no estuvo impedido ningún día para sus ocupaciones habituales, y le ha quedado como secuela una cicatriz en el borde de la ceja. Por todo ello, solicita que se condene al agresor por un delito de lesiones, pudiendo ser castigado con una pena de prisión de hasta tres años.

El hábil abogado defensor llama a declarar al auxiliar encargado de limpiar y coser la herida.

conve abg

image_thumb[1]
Puntos de aproximación (steri-strip)

Es decir, que para fijar la gravedad de la lesión tendrá que ser objetivamente necesario para su curación un tratamiento médico o quirúrgico; no a petición del paciente, sino de acuerdo con la ciencia médica. Por tanto, si existiendo un procedimiento menos agresivo como son los puntos de aproximación, se aplican innecesariamente puntos de sutura, esto no supondrá automáticamente que se considere “grave”.

¿Qué puede ocurrir? Si el Juez estima que la lesión enjuiciada, por su tamaño y profundidad, no requería objetivamente dicho tratamiento, sino que hubiera sido bastante con una primera y única asistencia facultativa, entonces no se trataría de un típico delito de lesiones (recordemos que con pena de prisión de hasta tres años), sino que estaríamos ante un delito leve de lesiones cuya pena en este caso sería de como máximo 56.000 euros, aunque suele ser muy inferior. Multa que, como ya sabemos, no recibe la víctima sino que se deposita en el Juzgado; por los daños y perjuicios ocasionados, la víctima podrá reclamar la indemnización que considere oportuna, independientemente de la pena de prisión o de multa que se imponga.

Anuncios